Acerquémonos a Dios

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:20-21)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 3 Juan 2, Salmo 1:1-3

Desde el principio Dios creó al hombre y a la mujer con el anhelo de bendecirlos, con manifestaciones de amor tan grandes que el mismo hombre no llegó a imaginarse. Esto lo hizo realidad, por medio de nuestro Señor Jesucristo, enviándolo a este mundo; y es por gracia que hoy tenemos la libertad para acercarnos a Dios sin temor alguno, aún sin merecerlo, pero así es el verdadero amor de Dios.

Dios es nuestro Padre y el dueño de nuestra vida; Él todo lo conoce, hasta nuestros más íntimos pensamientos, pues somos diseño suyo, hechura de su creación; por tanto, quién mejor que Él, para contarle nuestras necesidades, nuestros dolores y sufrimientos, pues sólo Él tiene la respuesta que necesita nuestro atribulado corazón.
Dios es perfecto y todo lo creado es muestra de ello; la capacidad de pensar y actuar que nos ha dado, es otra muestra de su grandeza, que debe convertirse cada día en una oportunidad para decidir amarlo como Él nos ha amado.

Pero aún hay cosas que se añaden a esto, como es su deseo de prosperarnos, de darnos siempre lo mejor, aquello que nos conviene y que siempre nos llevará a ver su bendición. Es así como nos ofrece “ayuda sobre la marcha” es decir, su eterna compañía y esta nos genera gran seguridad y confianza, porque sabemos que sólo Él con Su amor y poder, hace cosas a nuestro favor mucho más abundantemente de lo que le pedimos.

Querido lector, ¿no cree que todo esto nos tenga que llevar a un compromiso de agradecimiento y gratitud? Esto fue lo que sintió el apóstol Pablo y lo llevó a exclamar: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:14-15) no hay otra fuente a la que podamos llegar confiados que nos pueda enriquecer tanto, darnos tanto y hacer tanto por nosotros; y esto es motivo suficiente para doblar nuestras rodillas ante Él, porque solo Él puede sustentar el mundo entero y hacer lo que Él quiere.

HABLEMOS CON DIOS:
“Señor hoy me acerco a Ti, y reconozco que eres soberano para hacer todo cuanto quieres, pero sobre todo reconozco tu amor sobre mi vida. Hoy puedo decir que confió en Ti y en los designios de tu voluntad, porque siempre obras con misericordia y bondad. Padre, en el nombre de tu amado Hijo Jesús, elevo mi súplica para que por tu amor y por tu gracia me consueles en mis tribulaciones y me ayudes en mis debilidades; según tu perfecta voluntad. Amén.”

Humildad
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