Ahora somos amigos de Dios

31 de Julio de 2015

“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. (Hebreos 7:25)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 18:19-20

Cuando empezamos nuestra vida en Cristo, vamos siendo transformados conforme a su imagen, adquiriendo sus mismas características, hasta llegar a identificarnos de tal manera, que empezamos a sentir lo que Él siente.

Una de las más preciosas características del Salvador es su gran interés por nuestra salud y nuestro bienestar, algo que Él considera tan valioso y con lo cual se comprometió hasta la muerte, con tal que pudiéramos alcanzarlo. Pero esto no es todo. Durante su vida Jesús siempre intercedía ante el Padre por sus discípulos, y aun por aquellos que no le conocían, para que fueran salvos.

Una de las más hermosas oraciones, con las que también el Señor nos da ejemplo para volvernos grandes intercesores, es la que encontramos en Juan 17: «Padre Santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros… No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal… Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos» (Juan 17: 11b, 15 y 20).

Sin embargo, lo más extraordinario, es que después de ir a su Padre, Jesús sigue intercediendo por nosotros ¡Qué preciosa verdad que nos llena de gozo, de seguridad y de confianza! Definitivamente, no tenemos excusa para vivir una vida de derrota.

Pero hay un segundo propósito: Al interceder, Jesús también nos da ejemplo de lo que debemos hacer nosotros, si es que en verdad somos sus hijos, sus seguidores. Hoy más que nunca, me doy cuenta de la gran necesidad que existe de intercesores en el mundo, personas dispuestas a pensar en la necesidad de otros, más que en las propias. Se requiere un ejército de hombres y mujeres que no estén dispuestos a permitir que las cosas continúen como están. Que anhelan y saben que pueden intervenir en el curso de la historia, utilizando la más efectiva herramienta para transformar los corazones, las circunstancias y los ambientes: La Intercesión.

Acuda usted también al llamado que el mismo Dios nos hace hoy, y descubra que al ocuparse de las cosas de Dios y de las necesidades de los demás, Dios se ocupa de las suyas. ¡Y Él lo hace muy bien!

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor, te doy gracias porque sigues intercediendo por mi hasta hoy. Gracias por enseñarme con tu ejemplo que puedo ser parte de la solución, convirtiéndome en una persona que ora por otros que tienes mayores dificultades que las mías. Gracias porque escuchas mi oración”.

Semana Cristiana
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