¿Atrapados en el Pasado?

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Isaías 43: 18-19)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Hebreos 12: 12-15; Filipenses 3: 1-16

Muchos seres humanos se encuentran presos tras los infranqueables barrotes de la amargura, el odio, el resentimiento, la derrota y la frustración. Por más que luchen, no pueden librarse del fantasma que asalta su mente cada día. Recuerdos dolorosos, agravios, insultos, traiciones y desilusiones, ocupan buena parte de sus pensamientos, determinando poderosamente sus acciones y por tanto, los resultados que obtiene y la calidad de su vida.

Conociendo el grave daño que hace a nuestra vida permanecer en el pasado, cómo nos paraliza y desalienta, cómo nos quita la paz y nos enferma de amargura, la instrucción que Dios nos da es que lo dejemos atrás para siempre. El apóstol Pablo comprendió esta verdad maravillosa y la señala como el camino que nos lleva al perfeccionamiento de nuestro ser: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta” (Filipenses 3: 13-14)

No hay nada que tenga mayor beneficio a nuestra vida que saber que cada día y cada instante, tenemos una nueva oportunidad de parte de Dios para tomar sendas rectas, para sembrar semilla buena. Levantémonos con el poder del Espíritu Santo a tomar la decisión de dejar bajo la cruz de Cristo que murió por nuestros pecados, errores y equivocaciones, todo lo que nos ancla al pasado y nos impide avanzar. No pensemos más que todo tiempo pasado fue mejor. Recordemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, y esto quiere decir que nuestro Padre celestial nos tiene reservado lo mejor. Pongamos nuestra mirada sobre Él, contemplemos permanentemente su poder, su bondad, su fidelidad y su amor que es eterno y permanece para siempre, ese será nuestro derrotero más seguro.

Utilicemos entonces nuestra mente para guardar, recordar y repetir las palabras que nos llevarán a la excelencia, a la victoria en todo, a la felicidad completa, al oír atentamente la voz de Dios, guardarla en su corazón y hacerla parte de su vida incorporándola a su manera de pensar, sentir, actuar y vivir; y por último, poner por obra todo lo que Él le dice.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor, Tú que has conocido mi vida desde siempre, Tú que eres el Dios de mi pasado, mi presente y mi futuro, sana mi corazón de toda huella que el ayer me dejó. Quita para siempre de mi vida la marca del error y enséñame a dar cada paso contigo para contemplar también en mi vida cómo abres nuevos y maravillosos caminos para mí” Amén.

Propósito de Dios
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