Corazones Agradecidos

13 de Agosto de 2015

“Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿en qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? Dice Jehová. Y amé a Jacob…” (Malaquías 1:2)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Juan 3:1; 4: 9-10

He aquí una sincera declaración de Dios como Padre, no sólo para el pueblo de Israel, sino también para nosotros, sus hijos.

Malaquías significa «mi mensajero». Es el último libro del Antiguo Testamento y contiene la fuerte exhortación de un padre dolido ante una familia o un pueblo que no le daba un lugar importante en su corazón, ni en su vida. «Yo os he amado» es la expresión paternal, casi de reclamo, ante unos hijos que no han correspondido a su amor, tanto que en un momento dicen: ¿En qué nos amaste? La respuesta ante esta ingrata pregunta no se deja esperar: el amor está manifestado en haber sido escogidos como herederos de su bendición y de su amor.

¿Cuántas veces en nuestras oraciones o en nuestras meditaciones hemos dudado del amor de nuestro Padre? ¿Cuántas veces ante un fracaso nos hemos preguntado si realmente Dios nos ama? Seguramente muchas de estas ocasiones en que hemos dudado de Él, ha sido porque no nos ha concedido algún capricho o deseo.

Nos hemos acostumbrado a medir el amor en proporción a los regalos y prebendas; la verdad es que por eso nada nos satisface. Pero basta con mirar los miles de seres humanos que nos rodean y que se encuentran en sanatorios, cárceles, hospitales, sin propósito para vivir, esclavos de la droga, el sexo, el dinero, el poder, etc. Basta con mirar tantas vidas desdichadas, y luego mirar nuestra vida para entender esa expresión tan sincera «yo os he amado». Hoy debemos pedir perdón por ser tan desagradecidos y olvidarnos de sus beneficios. Cultivemos ese amor a Dios, aprendiendo a relacionarnos con Él por medio de la oración de alabanza y acción de gracias.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, anhelo profundamente conocerte más, pues eres mi esencia y mi origen. Por tu amor existo, Tú me sustentaste en el vientre de mi madre y alimentaste a través de ella. No tenerte en cuenta, es despreciar mi propia vida. Por ese motivo quiero vivir para exaltarte y darte el amor y reconocimiento que mereces. Tu amor y fidelidad me motivan a buscarte en oración, para poder amarte y agradarte cada vez más. Amén”

Camino Recto
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