Deuda de Amor

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley” (Romanos 13:8)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Romanos 13

Muchas personas se preguntan constantemente acerca de lo que tienen que hacer para que Dios las bendiga y puedan experimentar seguridad y paz. Es necesario entender que no se trata únicamente de “qué hacer” sino mas bien se trata de cómo tengo que “ser”.

Dios está más interesado en lo que lleguemos a ser que en lo que podamos hacer por Él. Es decir, Jesucristo no vino a dejarnos tareas para cumplir, ni un código de normas rígidas, frías y llenas de prohibiciones. Él vino a enseñarnos acerca del amor de su Padre Dios, a través del cual nos hizo sus hijos y amados. Él vino a darnos una vida maravillosa y fructífera, en la que es posible disfrutar de verdadera seguridad, confianza, paz y fe y alcanzar todo lo que nuestro padre Dios nos ha prometido.

¿Entonces, cómo tenemos que “ser”? ¿Cuál es esa vida que debo cultivar? ¿Cuáles son esas marcas que me identifican con mi Padre celestial?

EL AMOR A DIOS, Dios es amor, no hay mayor necesidad para el ser humano que el amor, no hay realización más grande que el amor. Luego, la esencia de nuestra vida es el amor; que en primer lugar debe ser dirigido a Aquel que nos amó primero, el que nos creó, nos salvó, nos cuida, nos sustenta y nos llena de todo bien (1 Juan 4:9-10). Es la respuesta natural de un corazón agradecido. Es el lazo indivisible que nos convierte en verdaderos Hijos y Herederos. Si el hombre no puede amar a Dios, de quien proviene su vida misma y su existencia, ¿podrá amarse a sí mismo o a alguien más?

EL AMOR AL PRÓJIMO Es el vínculo perfecto entre los seres humanos, la base de la paz en toda familia, grupo y sociedad. Hace referencia al respeto, honra, consideración, compromiso, hacia todo ser humano. El esposo a la esposa, el hijo al padre, el Jefe, al subalterno y así sucesivamente, con cada relación humana. Este amor solo es posible cuando nos hemos llenado del perfecto amor de Dios (1 Juan 4 11-12), y nos sentimos tan ricos, tan llenos y saturados de su amor y de su bendición, que nos sabemos deudores de aquellos que aún no lo pueden experimentar. Surge entonces un verdadero compromiso de entregar este maravilloso y restaurador amor a todos los demás.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre Dios, te pido perdón porque hoy entiendo cuánto egoísmo, cuánta ausencia de amor había en mi corazón, cuánta dureza para reconocer todo el bien que me has dado y la salvación que gratuitamente me has otorgado. Hoy reconozco cuán falto(a) de tu amor estaba, que siempre esperaba en los demás, exigiéndoles lo que solo tú me puedes dar. Pidiéndoles amor sin amarlos, esperando en ellos sin poder darles primero un genuino y verdadero amor. Te ruego que me guíes y me llenes con tu Espíritu para vivir conforme a tus verdades y poder estar en paz contigo y con los demás, poder amarte y amarlos. Sólo con tu ayuda lo puedo lograr. Amén.”

Amor por Dios
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