Nunca más tendremos Sed

11 de Agosto de 2015

“Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. (Juan 4:14)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Jeremías 17:7-8

Dios es, ha sido, y será siempre la fuente donde todo hombre puede acercarse para beber y llenar todos sus vacíos, faltantes o necesidades. La Biblia nos presenta un vivo ejemplo en la mujer samaritana. En el momento en que ella se encontró con el Señor, estaba experimentando en su vida; vacío, soledad, rechazo y falta de amor, pero ante el ofrecimiento que Jesús le hizo se dio cuenta de que no tenía otra alternativa, sino sólo Dios y tomó la más acertada decisión: «Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla» v.15

En aquel entonces existían muchos pozos, que como el pozo de Jacob, calman la sed temporalmente. Hoy también las personas buscan cómo satisfacer su sed de amor, aprobación y estima en muchos pozos que lamentablemente están secos, pues carecen del agua viva que es el amor de Dios. Pozos hay muchos, pero Fuente sólo una «Dios», quien calma nuestra sed para siempre y nos convierte en fuentes que pueden transmitir vida a otros sin que se agoten jamás.

Hoy también nosotros debemos tomar la decisión que tomó esa mujer, cuando le dijo al Señor «dame esa agua…» y reconocer que a través de la oración podemos tomar de Dios como Fuente, todo aquello que estemos necesitando: amor, paz, gozo, salud, seguridad, prosperidad.

Un gran siervo de Dios enseñaba respecto a la oración, que mientras más tiempo invirtamos en orar, más saldo tendremos a nuestro favor en el cielo, refiriéndose a que sólo a través de la oración podemos depositar en el Señor todas nuestras cargas, temores, ansiedades y necesidades, y recibir de Él todo cuanto necesitamos para vivir una vida plena y abundante. La oración crea un ambiente en el cual podemos prosperar y experimentar salud integral.

Dios quiere saciar nuestra sed, no sólo para nuestro propio beneficio sino para transformarnos en una fuente que rebose para dar a otros.

HABLEMOS CON DIOS

“Gracias Señor porque cuando me encontraste, era una persona con vacíos, faltantes y necesidades; gracias porque me ofreciste de esa agua viva que llenó todo mi ser y que ahora puedo compartir a otros. Amén”.

Control de mi vida
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