Su Eterna Presencia

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 16:5-15; Salmo 2:7-8

¡Qué maravillosa declaración que nos llena de esperanza! Qué palabras tan propicias justamente en una época donde caminan más seres humanos sobre el planeta que en cualquier otra época, y en la que paradójicamente la gran mayoría de las personas se sienten solas. Con razón los psiquiatras y psicólogos de finales de siglo pasado, se anticiparon a lo que se veía venir, describiendo este siglo, como el siglo de la soledad. Podemos estar rodeados de muchas personas que nos quieren y se preocupan por nosotros, pero muchas veces nos sentimos abandonados, como huérfanos.

Así experimentaron los discípulos de Jesús, tras el anuncio de su inminente partida. Fue imposible no entristecerse al saber que ya no verían más a su Maestro. ¡Cuánta seguridad les proporcionaba su presencia! ¿Cuántas veces los había salvado de peligros, consolado en las derrotas, provisto en la necesidad? ¿Qué sería de ellos ahora? ¿Quién reprendería al viento y al mar para que se aplacase la tormenta y pudieran llegar sanos y salvos a su destino? ¿Quién los sanaría cuando alguno enfermara gravemente? ¿Quién les enseñaría hermosas verdades que alentaban sus corazones y los llenaban de esperanza?

Pero, conociendo el Señor sus inquietudes y temores, les hace este extraordinario anuncio: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. Pues bien, se trataba del Espíritu Santo, ese regalo especial, esa tierna compañía que nos trae consuelo y abrigo, esa maravillosa persona que nos motiva, limpia, dirige y doblega nuestro ser interior ante Él.

Usted puede abrir hoy su mente y corazón para recibir esta maravillosa verdad. Jesucristo es nuestro Salvador y su Espíritu Santo ha sido enviado como el Consolador por excelencia, a llenar todo vacío, a suplir toda necesidad, a sanar toda herida. Acompáñeme hoy y elevemos juntos esta oración:

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, te necesito para ser feliz. Dame el regalo de tu Santo Espíritu para nunca más sentirme solo (a), y así mi vida pueda recobrar su verdadero sentido, cual es disfrutar de tu amor y convertirme en un instrumento útil en tus manos. Amén”

No Mira como Hombre
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