Tu Rostro Buscaré

“Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Oh Jehová” (Salmo 27:8)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 27:4-5; Job 8:5-7

Bien lo dice San Agustín: “Tú nos hiciste para ti, oh Dios, y nuestros corazones están en desasosiego hasta que encuentren la paz en ti”.

El ser humano ha sido diseñado por Dios para desear y disfrutar la comunión con Él. Si recordamos la caída del hombre en el Edén, podremos entender como el pecado de nuestros padres Adán y Eva generó un vacío en cada ser; vacío que no puede ser lleno con ninguna cosa que no sea, una auténtica relación con nuestro Padre y Hacedor.

No importa lo que el ser humano haga o los logros que consiga, nada puede sustituir esa comunión con Dios que satisface la esencia misma del ser, que da propósito a su vida y que alimenta y mantiene el equilibrio y la salud de su alma, e incluso, el bienestar de su cuerpo.

Es la oración la que nos permite desarrollar y mantener nuestra vida en comunión con nuestro amado Padre; David comprendió esta gran verdad como podemos apreciarlo en el Salmo 5:2: “Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a Ti oraré”

Personalmente, estoy convencida que la oración es un manantial de vida. Es un hecho comprobado que el ser humano obtiene lo que realmente necesita por medio de la oración, que ella nos conecta con la fuente de todo bien y de toda provisión, que nada le falta al que ora, que la oración hace que lo imposible humanamente, se haga realidad, de manera que podemos decir: “alma mía en Dios solamente reposa, porque de Él es mi esperanza” (Salmo 62:5).

Si desea ver el respaldo, el favor y la bendición de Dios en su vida, que su familia viva el amor y la unidad, que siempre le rodee la paz, que todo lo que usted emprenda sea prosperado, y que su vida vaya de gloria en gloria y de victoria en victoria.

Por medio de la oración, cultive una amistad íntima con el Omnipotente, con el Todopoderoso, con el que tiene bajo su señorío y soberanía el control de todas las cosas, con Aquél para quien nada resulta difícil ó imposible.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, desde lo profundo de mi corazón clamo a ti con gratitud, te busco con todo mi ser porque solo Tú me haces vivir conforme a tus propósitos; sólo en tu Presencia hallo las fuerzas necesarias para vivir cada día conforme a lo que a ti te agrada. Enséñame a hacer de la oración mi mayor fortaleza, mi mejor descanso, mi más grande alegría, mi más poderosa defensa, mi más alto refugio. Gracias por tu amor. Amén.”

Dios te quiere
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