Una Esperanza Eterna

“En ti esperaron nuestro padres; esperaron, y Tú los libraste” (Salmo 22:4)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 40:1-2; Salmo 46:10-11

Estoy convencida que usted y yo hemos visto repetidas veces, una y otra vez, personas valerosas que en medio de las más grandes tragedias sacan fuerzas para mantenerse en pie y seguir luchando, mostrando un talante que ellas mismas desconocían. Como también conocemos gente que se rinde antes de haber comenzado la batalla, o aquellas personas, con grandes metas y objetivos, luchadores que trabajan duro, se esfuerzan, dan lo mejor de sí, pero sólo por un tiempo y luego desfallecen y se cansan. Son de los que después de grandes sacrificios y duras luchas, se les acaba el entusiasmo y lo abandonan todo, desisten y se resignan a su “suerte”, sólo para tener que reconocer más adelante, que si hubieran perseverado un poco más, si hubieran resistido, si hubieran caminado unos pasos más adelante, habrían tenido éxito y estarían saboreando las mieles de la victoria.

Las oportunidades de alcanzar lo que anhelamos las tenemos siempre, sin embargo, en ocasiones no sabemos esperar como es debido. Siempre queremos que las cosas sucedan “ahora mismo” y esto hace que emprendamos muchos caminos equivocados. La voluntad de Dios es darnos lo mejor y lo que nos conviene. El problema es que no sabemos esperar, y ésta es la razón por la cual no vemos la mano de Dios actuando como anhelamos.

Sólo aquellos que esperan confiados en la ayuda de Dios, alcanzan sus promesas y pueden decir entonces como el rey David: “Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; serán avergonzados los que se rebelan sin causa” (Salmo 25:3)

No hay razón para desmayar y menos para dejarse derrotar si contamos con el poder supremo de Dios. Pídale su ayuda, cuéntele las tristezas que guarda en su corazón y después, escuche lo que Él tiene que decirle. Entonces, usted verá como Él viene en su ayuda, le salvará con su brazo fuerte y le dará las fuerzas necesarias para resistir y salir victorioso de toda circunstancia.

HABLEMOS CON DIOS:

“Mi buen Señor, gracias por la enseñanza que recibo hoy: Aprender a esperar en Ti es el camino correcto para ser liberado de toda situación por grave o difícil que esta sea. Esperar en Ti, en tu ayuda y liberación, mientras obedecemos tus instrucciones… no hay otra cosa mejor”

Contigo Mi Dios
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